Archivo 02: Túnel Oscuro (11/14)

«Oí, Yakumo. ¿Qué fue eso? Explícate».

Gotou le hizo esa pregunta a Yakumo, que estaba agarrando el celular con una expresión de decepción.

«He visto al niño en la foto», dijo Yakumo, entregándole de regreso las fotos a Gotou.

«¿Conoces al niño? El rostro estaba destrozado, así que…».

«Aunque no estoy seguro, debes poder descifrarlo en parte por su género, altura y forma, ¿Cierto?».

Tenía sentido. Gotou lo había aceptado.

Más que buscar una identidad, Yakumo solo reunía caras.

Todavía–

«¿Dónde?».

«Hoy estaba sentado en el asiento trasero de un auto. Probablemente fue el auto que lo golpeó».

«Ya veo».

Gotou abrió la ventana y encendió su cigarrillo.

«Si vas a fumar, por favor sal».

«Oí, oí– este es mi auto. No tienes ningún derecho a quejarte. ¿Así que parece que el fantasma de ese niño va a hacer algo?».

«Tal vez… Aunque no lo noté cuando estaba en el túnel, ahora que lo pienso, debería haberlo sabido. Me pareció algo totalmente diferente en la misma luz…».

Yakumo mordió su labio en su frustración.

Significaba que un accidente podría ocurrir en algún lugar.

Gotou quería hacer algo, pero para ser honesto, sería difícil. Si él usa su inalámbrico para seguir el auto, él podría ser capaz de evitar el accidente.

Sin embargo, no había ninguna razón para hacerlo. La policía no se moverá porque un fantasma puede causar un accidente.

Aunque él intente explicar que era un auto que había golpeado a un niño, todo lo que tenía ahora para probarlo era el testimonio de Yakumo.

«¿El dueño del auto es tu amigo?».

Gotou hizo la pregunta que de repente le vino a su cabeza.

«No. No sería amigo de alguien así incluso si es una petición».

«Ya veo».

«Solo…».

«Solo… ¿Qué?».

Incluso mientras le preguntaba, Gotou tenía una idea.

Podía decirlo por la inquietud de Yakumo.

«Mi conocido está en el auto».

«¿Esa chica?».

El rostro de la estudiante llamada Haruka apareció en la cabeza de Gotou.

Era tan linda y amable que no coincidía con Yakumo.

«Sí», dijo Yakumo.

«Maldición».

Gotou lanzó los documentos en el asiento trasero y se recostó en su asiento.

«De todos modos, es útil».

Yakumo terminó la conversación y abrió la puerta del auto

«¿Qué vas a hacer?».

«No es como que ella sea mi amiga, pero no puedo dejarla sola».

«¿Tienes alguna idea?».

«Voy pensar en alguna ahora».

Actúa duro como siempre.

A pesar de que no tiene ideas. Él simplemente podría pedir ayuda honestamente. Qué problemático.

«Oí, Yakumo».

«¿Qué?».

«Me debes una».

Yakumo parecía sorprendido.

Era la primera vez que Gotou lo había visto así. Gotou podría acostumbrarse a esto.

«Sólo entra. Te llevo. ¿Estás en un apuro, cierto? No te entretengas».

«Gracias».

Era probablemente la primera vez que Yakumo le había agradeció a Gotou.

«Olvídate de los agradecimientos. Es tan desagradable como que mi esposa me diga [Te quiero]».

«¿Alguna vez te lo ha dicho?».

«Cállate».

Maldición, ¿Incluso en un momento como este?.

«Agárrate bien».

Gotou pisó de golpe el pedal y aceleró, girando el volante para hacer un giro en u.

Yakumo perdió su equilibrio y golpeó su cabeza contra la ventana lateral.

«Si vas a hacer un giro de 180 grados, por favor dímelo».

«No preguntaste».

Gotou se rio en voz alta triunfante.

Yakumo puso una mano contra la cabeza lesionada y parecía que quería decir algo, pero al final no dijo nada.

Gotou sentía que había ganado.

«¿Siempre conduces así?».

«Siempre tengo prisa para el trabajo».

Gotou encendió la sirena y condujo incluso más rápido, atrapado en el momento.

Había bocinas detrás de él, pero no le importaron.

«Esa fue una luz roja».

«Tengo la sirena. Los otros coches nos evitarán».

«Qué asombroso oficial eres».

«Si te quejas otra vez, conduciré al límite de velocidad», dijo Gotou mientras conducía aún más rápido.

La montaña de documentos en la guantera se cayó, dispersándose en el auto.

«No quiero volverme a sentar nunca más en un auto que conduzcas, Gotou-san».

Aunque Yakumo dijo eso, él estaba sonriendo.

«Esa es mi línea. No te daré un paseo nunca más».

«Por favor a la izquierda en la siguiente intersección».

Gotou giro el volante como Yakumo le dijo.

Chillaron los neumáticos.

«Oí, Yakumo. Si vamos por este camino, somos…».

«Sí, lo somos».

Un ambiente pesado.

Él había sido quien dijo que lo llevaría, pero le hizo querer echarse para atrás.

«El fantasma del túnel, eh… «.

«Sí. Probablemente ese niño también se dirige a ese túnel».

«¿Cómo puedes saberlo?».

«Hay un llamado. Por el increíble número de espíritus que murieron en accidentes similares…».

Es cierto que el número de accidentes era anormal. Había muy pocos de ellos en las fotos tomadas por el forense tras los accidentes.

No eran sólo uno o dos.

Cabezas en todo el túnel. Y todas ellas mirándote a ti.

Honestamente, si las personas vieran esto, un accidente o dos sería una obviedad.

Pero le hizo querer echarse atrás

«Yakumo. ¿Puedo preguntarte una cosa?».

«Si no es una pregunta tonta, sí».

Yakumo frunció el ceño, preocupado por el olor del cigarrillo y abrió la ventana, mientras respondía

«Siempre he pensado que es extraño, pero puedes ver gente muerta todo el tiempo. Poniendo eso a un lado, aunque la gente normal no los puede ver, no es siempre el caso. Hay algunas personas que pueden verlos a veces».

«Sí».

«Incluso fotografiar un espíritu, la gente en la foto no se dan cuenta, ¿Verdad?».

Yakumo parecía pensar mientras pasaba una mano por su cabello.

Gotou olvidó tocar el cigarrillo contra el cenicero, mientras esperaba una respuesta.

«Probablemente…».

Yakumo comenzó a hablar, como si pensará para sí mismo.

«Creo que cambia dependiendo de una serie de condiciones».

«¿Condiciones?».

«Sí. Por ejemplo, puede haber un cambio si el espíritu del muerto tiene una fuerte voluntad. Tal vez la voluntad de la persona que está buscando también influencia. A menudo se dice que contar historias de fantasmas atrae fantasmas».

«Yeah».

Gotou lo había escuchado bastante.

Había una leyenda urbana de que si apagabas las luces y contabas historias de fantasma, otra persona se mostraría.

«También existe la posibilidad de que no sea ninguno de esos asuntos, y cambia dependiendo de los fenómenos naturales. Temperatura o humedad o luz…».

«¿Cómo espejismos?».

«Hay muchas posibilidades, pero para ser honesto, no lo sé. Si pudiera explicar la causa, sería capaz de curar mi ojo…».

«Cierto. Fue una pregunta estúpida».

Gotou sonrió irónicamente y se disculpó sinceramente.

«Por favor no te preocupes por eso. Aunque desearía que te preocuparás más por el humo del cigarrillo».

«¿Cuántas veces tengo que decirlo? Este es mi auto».

Gotou presionó su cigarrillo en el cenicero y encendió un nuevo cigarrillo.

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