Archivo 02: Túnel Oscuro (14/14)

Haruka pedaleaba la bicicleta frenéticamente mientras subía la pendiente hacia el túnel.

En la cesta de la bicicleta, ella había puesto crisantemos blancos que había comprado en la tienda de flores frente a la estación.

El crimen que había cometido Tatsuya había sido demostrado como asesinato a través de la investigación de Gotou.

Si él no hubiera pensado en tratar de huir de eso, sólo habría sido un accidente, pero este incidente le había causado desgracia a muchas personas.

Con más investigación, descubrieron que los padres del niño habían tenido un accidente en ese túnel y ya habían fallecido.

Cuando fue golpeado por un auto, ése niño podría haber ido con sus padres.

Pensar eso hacía que Haruka se sintiera un poco mejor, pero no cambia el hecho de que había sido una vida que no tenía que haberse perdido–

Aunque era invierno, era un ejercicio intenso.

Haruka estaba completamente sudada cuando llegó al túnel.

Se quitó su chaqueta marrón. Estaba a punto de tomar las flores de la canasta cuando alguien la llamó.

“¿Viniste todo el camino en bicicleta?”.

Haruka levantó la cabeza y vio al tío de Yakumo, el sacerdote, parado frente al túnel.

A diferencia de la última vez que se habían encontrado, él llevaba vestiduras negras con una estola de monje.

Haruka saludó el sacerdote y se acercó a él.

En el camino al lado del túnel, había bellos crisantemos blancos en un jarrón junto con incienso, que dejaba salir humo blanco.

“¿Usted hizo eso, Señor?”.

El sacerdote negó con la cabeza.

“Fue Yakumo”.

Haruka se sentó y miró los crisantemos blancos.

Era inesperado que Yakumo hiciera algo como esto.

“Yakumo me llamó aquí. Después de hablar sobre este túnel, él me dijo que hiciera algo sobre todos los espíritus vagando por aquí”, continuó el sacerdote, sonriendo irónicamente.

“Aunque me diga que haga algo, no puedo ver los espíritus de los muertos como Yakumo. Realmente no puedo hacer nada…”.

“Yakumo-kun dijo que era frustrante”, habló Haruka, recordando el incidente de antes.

“¿Frustrante?”.

El sacerdote ladeó la cabeza.

“Sí. Dijo que era frustrante para él, puesto que puede verlos, pero no puede hacer nada”.

De repente, el sacerdote se rio, asintiendo con la cabeza varias veces.

“¿Es algo gracioso?”.

El sacerdote dejó de reír y despejó su garganta antes de hablar.

“Antes, Yakumo odiaba el poder verlos. Preguntando por qué él era el único que podía verlos. Cuando era un estudiante, incluso trató de apuñalar con un cuchillo su propio ojo”.

“Eso es…”.

“Si él no podía verlos, nadie le tendría miedo, y él no tendría que temer”.

Si Haruka hubiera estado en la misma posición, ella podría haber pensado las mismas cosas que Yakumo.

“¿Es así?”.

Sintió como su impresión de Yakumo había cambiado un poco.

“Es una gran mejora para Yakumo decir que es frustrante ser capaz de verlos sin poder hacer nada”.

“¿Una mejora? Aunque a mí no me parece así”.

El sacerdote comenzó a reír otra vez.

¿Qué es tan gracioso? Haruka no entendía en absoluto.

“Yo soy el que dio su nombre a Yakumo”.

El sacerdote se sentó al lado de Haruka y empezó a hablar.

“Cuando hay muchas capas de nubes, se llama [Yakumo]”.

“¿Es así?”.

“Cuando nació ese niño, y vi ése ojo izquierdo rojo, pensé que definitivamente tendría que someterse a muchas pruebas. Como gruesas capas de nubes que bloquean la luz del sol”.

“Así que usted lo llamó Yakumo”.

“No quería que perdiera esas pruebas. El camino por delante es largo, pero creo que Yakumo ha pasado a través de una de las nubes”.

“Yakumo…”.

Haruka dijo ese nombre una vez más.

Oyó el sonido de un ave desde lejos.

No importa lo que haya cambiado, el tiempo continúa fluyendo.

“Ah, es cierto”.

Haruka sacó las flores que había traído de la cesta y las colocó al lado de la vasija que Yakumo había colocado. Ella puso sus manos juntas y cerró los ojos.

¿Yakumo vino aquí y habló con ése niño?.

Repentinamente se preguntó eso.

“Creo que va a ser duro, pero cuida de Yakumo por mí”.

“Sí”.

Haruka respondió a las palabras del sacerdote con una sonrisa. Entonces, se puso de pie, gracias al sacerdote y se fue.

Cuando Haruka miró hacia arriba, un cielo azul invernal sin nubes se extendía sobre ella.

¿Un día como este también vendrá para Yakumo?.

Ése pensamiento repentinamente le llegó a su cabeza–

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