Archivo Extra: Artículo Perdido

Una semana después del incidente del túnel–

Lo vi cuando fui a la biblioteca, pensando en terminar un informe.

Pasando una mano por su cabello desordenado, era el mordaz Saitou Yakumo, con sus habituales ojos somnolientos.

Tenía una expresión inusualmente seria en su rostro mientras miraba a los dorsales de los libros en la estantería.

Por alguna razón, no podía llamarlo enseguida. Sólo estaba allí como una tonta, mirando fijamente a Yakumo.

Acercarme a alguien inesperadamente me hacía sentir más nervioso de lo necesario.

Iluminado por la naranja luz del sol, su perfil parecía más agudo que de costumbre.

“¿Necesitas algo?”, dijo Yakumo, todavía mirando el estante.

Cuando me di cuenta que había notado que estaba allí, mi cuerpo se sintió caliente, como si se estuviera quemando, y baje la mirada al suelo.

“N-no realmente… Sólo estaba pensando en terminar mi informe”.

“Ya veo”, respondió secamente Yakumo. Él no apartaba la vista del estante.

“¿Qué estás haciendo?”.

“Busco algo”.

“¿Qué buscas?”.

“Si hay alguien que busque ropa en una biblioteca, me gustaría que me lo presentaras”.

¿Por qué tiene que hablar de esa manera? No era honesto o bueno–

Pero ahora sé esto, después de los dos incidentes. No podría aguantar si me molesto con algo como esto. Es mejor simplemente dejarlo pasar.

“¿Cuál es el título del libro?”.

Aunque no creo que haya dicho algo extraño, Yakumo frunció el ceño y me miro con una mirada sospechosa.

“¿Qué harás si lo supieras?”.

“Te ayudaría”.

“¿Por qué?”,

¿Por qué?, dice–

“Sería más rápido con dos personas, ¿Cierto?”.

Yakumo cruzó sus brazos y me miró en silencio.

Él probablemente pensaba que nadie haría algo por otra persona sin condiciones. Ése era un pensamiento muy triste.

Después de un rato, Yakumo finalmente murmuró, “El Conde de Monte Cristo”.

“¿El Conde de Montecristo?”.

“Sí. Alejandro Dumas”.

“Dumas, entonces el Conde de Monte Cristo”.

Pensando sobre eso, entré a la terminal cerca de la entrada de la biblioteca.

“¿A dónde vas?”, se quejaba Yakumo mientras caminaba conmigo.

Pensé en esto durante el caso anterior, pero aunque Yakumo es inteligente, ya que vive en un salón, él realmente se ha quedado atascado en lo analógico.

“Ahora puedes ver dónde están los libros en la terminal ahora”.

Toma esa, Yakumo.

Yakumo resopló y ocultó su rostro. Yo sólo podía replicar en momentos como este. Se sentía genial.

Utilice la pantalla táctil del terminal para buscar ‘El Conde de Montecristo’– lo encontré de inmediato.

No sabía esto ya que nunca lo había leído, pero tiene siete volúmenes. Parecía toda una epopeya.

“Er… Ya que es la esquina de los libros de bolsillo, debería estar en el estante D-1”.

“No”. Yakumo lo negó de inmediato.

“¿Eh?”.

“Estoy buscando el de tapa dura”.

“¿No está bien si lo puedes leer?”.

“No está bien. Tiene que ser la tapa dura”.

“¿Por qué?”.

“Porqué”.

No sé por qué le preocupaba tanto. ¿Tal vez la traducción era diferente para el de tapa dura y el de bolsillo?.

Tenía algunos amigos que disfrutaban buscando diferencias así.

Hm, el de tapa dura–

Miré la lista que aparece en el monitor otra vez.

“Aquí. Er… Ah, está en los archivos”.

La biblioteca de nuestra Universidad no era tan grande, pero los libros antiguos que no tenían más cabida, regularmente eran movidos a los archivos y se sacaban sólo cuando era necesario.

“No me extraña que no pudiera encontrarlo”, murmuró Yakumo, pasando una mano por su cabello.

Después de eso, le pedimos una llave a la bibliotecaria, para ir a los archivos en el sótano.

La habitación de hormigón era de cuarenta Tsubo [1] en tamaño. Había cajas de cartón llenas de libros apilados al azar.

Cuando miré uno de las cajas cercanas, todo lo que vi fue la fecha escrita en marcador permanente.

Probablemente era la fecha en la que fueron trasladados los libros de la biblioteca a los archivos.

“Según los datos, fue trasladado a los archivos el 10 de marzo de hace dos años”.

“10 de marzo entonces”, respondió Yakumo. Entonces, empezó a comprobar las fechas de las cajas de cartón.

Pero todavía–

“Esta es una cantidad asombrosa”.

Había suficientes cajas como para llorar.

Solo comprobar las fechas tomaría un largo tiempo. Y podría haber varias cajas con la misma fecha.

Buscar un libro entre tantas cajas no sería fácil.

“¿El de bolsillo realmente no es bueno?”.

“No tienes que hacerlo si no quieres. No te pedí ayuda”, dijo Yakumo.

¿Por qué tiene que hablar así?.

Aunque me sentí irritada, puse mi mochila en el escritorio cercano y comencé a verificar las fechas en las cajas junto a Yakumo.

“¿Por qué que repentinamente deseas leer ese libro?”.

Traté de hacerle esa pregunta a Yakumo después de la primera caja.

Ya que iban tan lejos, él debe estar muy apegado a él.

“No planeo leerlo”.

“¿Eh?”.

Mis manos inconscientemente se detuvieron cuando escuché eso.

“¿Qué?”.

“¿Por qué buscas un libro que no vas a leer?”.

“Si tienes tiempo para hablar, mueve las manos”.

“Sí, sí, entendí”.

“Solo un sí”.

A pesar de que antes dijo que no pidió mi ayuda–

Después de eso, no hablamos mucho. Simplemente continuamos nuestro trabajo, buscar la caja de cartón del 10 de marzo para encontrar el Conde de Montecristo.

Después de una hora, Yakumo se levantó y dijo, “Aquí está”.

Yakumo colocó el libro en el escritorio, limpió el sudor de su frente y paso las páginas.

Había un sobre blanco entre las últimas páginas.

“Lo encontré”, dijo Yakumo, sus hombros se relajaron.

“Lo que estabas buscando…”.

“Sí, era esto”.

Yakumo tomó el sobre y comenzó a alejarse rápidamente.

“Entonces di eso desde el principio”, protesté, corriendo tras él.

“No preguntaste”.

Eso de nuevo. Y–

“Si lo hice”.

“No lo tomes todo tan en serio. Y regresa la llave”.

Después de decir eso, Yakumo dejó los archivos. Ni una palabra de agradecimiento después de que le ayudé.

Y la llave–

“¡En serio! ¿Qué tipo de actitud es esa?”.

Definitivamente haré que se disculpe. Apagué las luces, cerré la puerta y corrí rápidamente tras Yakumo.

Finalmente lo alcancé después de correr por las escaleras y abandonar el edificio, delante de un árbol de arce en el patio de la escuela.

“¿Por qué eres tan egoísta? ¡Te ayudé, por lo que debes explicar!”, le grité a la espalda de Yakumo.

Yakumo se detuvo y movió la cabeza en exasperación. Entonces, él finalmente comenzó su explicación.

“Una estudiante que asistió a esta escuela escribió una carta para sus padres en casa. Ella abandonó su casa con el libro que pidió prestado y su carta en su mochila”.

“Y esa carta estaba en el libro”.

“Sí”.

Pero–

“¿Qué tiene eso que ver contigo, Yakumo-kun?”.

“Ella hizo una petición”.

“Oh”.

Aunque fui yo la que hizo la pregunta, le di una respuesta bastante plana.

Ya que el mordaz Yakumo había salido de su habitual forma de ser, ella era probablemente cercana a él–

Cuando pensé en eso, mi pecho se sintió herido por alguna razón.

¿Por qué me importaba? No sería extraño en absoluto que él saliera con alguien.

Y de cualquier forma no había razón alguna para que me importara.

“Además, otra petición”, dijo Yakumo con un bostezo.

“¿Q-qué?”.

“Pon esta carta en el correo”, dijo Yakumo, con el sobre en la mano.

“¿Eh, yo?”.

“Sí”.

“¿No sería mejor que lo hiciera ella?”.

“No puede”.

“¿Por qué?”.

“Después de salir de casa, fue atropellada por un auto y murió”.

Mi cuerpo tembló cuando escuché las palabras de Yakumo.

Oh. Una mujer muerta le hizo una petición a Yakumo. Ella quería que él encontrara la carta que no pude enviarle a sus padres–

“Hey, ¿No sería mejor explicar la situación a sus padres?”, dije el pensamiento que se me ocurrió.

“No es necesario”.

“Pero podrían pensar que es una broma si de pronto reciben la carta”.

“Sus padres deben ser capaces de discernir si es una broma por la escritura”.

“Pero…”.

“Dejarás de seguirme ahora, ¿Cierto?”, dijo Yakumo, dando la vuelta.

Cuando pensé que él estaba diciéndome eso a mí, mi pecho repentinamente se sintió apretado, pero inmediatamente comprendí que no era para mí.

Yakumo estaba mirando el árbol, que había dejado caer sus hojas, dejando sus ramas desnudas.

Yakumo definitivamente miraba alguien allí.

Miré en la misma dirección. Por un momento, sentí que vi a una mujer mirando hacia abajo.

Probablemente fueron mis ojos jugándome una broma–

“En serio”, murmuró Yakumo. Bostezando, parecía aburrido y pasó una mano por su cabello desordenado. Entonces, comenzó a alejarse sin prisa.

Era mordaz y poco honesto, pero al final, Yakumo no podía abandonar a las personas en problemas.

Cuando pensé en eso, por alguna razón, mi corazón saltó.

“Hey. Te ayudé– por lo menos agradéceme”.

Corrí tras Yakumo–

 

* * *

[1]: Unos 132, 232 metros cuadrados.

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